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Casi
la mitad de las donaciones empresarias recibidas por el Partido
Justicialista de la provincia de Buenos Aires en las elecciones
de octubre de 2005, provinieron de cuatro empresas que son proveedoras
del municipio de Hurlingham, algunas de ellas favorecidas con importantes
contratos, y de una quinta que carece de habilitación municipal
y desarrolla actividades peligrosas para el medio ambiente al amparo
de una ordenanza de excepción.
De acuerdo con el informe final del monitoreo realizado por
Poder Ciudadano sobre la campaña electoral 2005, publicado el pasado
31 de marzo, el Partido Justicialista de la provincia de Buenos
Aires declara haber recibido donaciones privadas por $ 1.642.000,
de los cuales $ 963.000 provinieron de empresas y $ 679.000
de ciudadanos.
Ubicadas al tope entre las seis mayores donantes, se encuentran
Kasema, con $ 91.000, y Transportes Ridan,
Opavi S.A., Survial y Urba Construcciones,
cada una de ellas con $ 90.000. Vale decir que $ 451.000,
o lo que es lo mismo el 46,72 % del total de donaciones empresarias
de la provincia de Buenos Aires en su conjunto, a la campaña de
“Chiche” Duhalde, provinieron de empresas proveedoras de nuestro
municipio, o que funcionan bajo su paraguas protector.
Si bien no hay nada de ilegal en dar o recibir aportes de
campaña, el hecho de que estos aportantes al justicialismo bonaerense
fueran al mismo tiempo habituales clientes o virtuales protegidos
de un municipio gobernado por un intendente hasta entonces confesamente
duhaldista, da lugar a la sospecha de intercambio de favores, y
no sólo pone en cuestión la transparencia del procedimiento por
el cual se obtuvieron las supuestas donaciones, sino también la
limpieza de los mecanismos de contratación de proveedores municipales
y de sanción de ordenanzas de excepción.
Amigos
de la casa
Transportes Ridan,
Survial, Urba Construcciones y Opavi S.R.L.,
quienes se encuentran entre los 6 mayores aportantes a la campaña
del PJ bonaerense, con $ 90.000 cada uno, son habituales
proveedores de la municipalidad de Hurlingham, y han sido favorecidos
con importantes contrataciones tal como surge de las rendiciones
de cuentas de 2003 y 2004, y probablemente también lo hayan sido
durante el 2005 aunque aún no se dispone de esos datos.
Transportes Ridan S.R.L. figura en el libro de proveedores
municipales con el Nº 1826. Uno de sus fundadores es Ricardo
Raúl Birriel, quien en forma individual figura también como
proveedor de la comuna con el Nº 1764. El nombre de la empresa proviene
de la fusión de la primera sílaba de su nombre y del de su socio
de entonces Daniel Temer.
Durante 2003 Birriel realizó transacciones con la municipalidad
de Hurlingham nada menos que por $636.572,00. Las hizo a
título personal, es decir a su nombre, sin embargo la dirección
que figuraba en las facturas emitidas era Boedo 2402 de la
localidad de Boulogne, sede de Transportes Ridan S.R.L..
También había un teléfono, el 4708-0632, que aún hoy sigue
perteneciendo a la misma firma.
En 2004, Birriel fue favorecido nuevamente por la municipalidad
de Hurlingham con compras por una cifra cercana al medio millón
de pesos.
Urba Construcciones S.R.L., es otro de los proveedores
con elevadas cifras de contratación. Durante 2003 la municipalidad
le abonó por conservación de calles y desagües nada menos que
$ 868.345,00.
Sur Vial, de Daniel Ferrarelo, es una empresa de la
lejana localidad de Berazategui. Su nombre comenzó a hacerse conocido
tras la rendición de cuentas de 2001, cuando salió a la luz pública
el escándalo de la cooperativa Tesei Limitada, armada para “dar
trabajo” a militantes del juanjismo.
Sur Vial fue quien reemplazó a la cooperativa Tesei en las
preferencias comunales, luego de que el hasta entonces intendente
Juan José Alvarez marchara a la Provincia para asumir como Ministro
de Seguridad bonaerense, y fuera reemplazado interinamente por el
actual jefe comunal Luis Acuña. Su primer trabajo fue el
pintado de 1.000 columnas de alumbrado que nunca pudieron ser identificadas
porque no había ningún listado que detallara su ubicación.
Durante 2004, le fueron adjudicados trabajos por $ 296.518,00
y otros $ 50.000 adicionales por el nivelado de tierra en
el parque público Pedro Díaz, que debieron ser compensados por no
estar contemplados en el presupuesto.
Opavi S.A., por último, es una firma de la localidad
de Haedo que lleva uno de los números de proveedor más antiguo,
el 114. Durante 2003 la municipalidad también la contrató para conservar
calles y desagües, y además para tareas de bacheo, por un monto
de $159.775,00. En el 2004 volvió a contratarla, esta vez
por $ 274.990,00, y es de pensar que la relación continuó
durante el 2005, sobre todo teniendo en cuenta el simpático gesto
de realizar tan generoso aporte de campaña.
El
caso Kasema
Kasema SA, segunda en el ranking de aportes a la
campaña de “Chiche” Duhalde –cabeza de la lista que a nivel local
impulsaba el intendente Luis Acuña-, es una empresa de Hurlingham
ubicada en la calle Centenera 435, sobre la margen izquierda del
arroyo Morón.
Se instaló en el lugar en 1996 y nunca obtuvo la habilitación
municipal, pese a lo cual continuó funcionando de manera precaria,
inclusive cuando amplió sus actividades para realizar procesos industriales
susceptibles de causar daños al medio ambiente. Esto ocurrió en
enero de 2002, cuando comenzó a fabricar insecticidas y productos
de limpieza. Por las características de los nuevos procesos debió
ser necesariamente encuadrada dentro del rubro “uso condicionado”
del suelo, y dada la imposibilidad de proseguir el trámite por la
vía normal, el expediente de habilitación recayó finalmente en el
Concejo Deliberante para ser tratado por vía de excepción.
La firma mantenía por entonces una deuda de $ 49.470,80
con el municipio en concepto de Tasa de Seguridad e Higiene, pero
el 25 de marzo de ese mismo año solicitó el concurso preventivo
de acreedores ante el Juzgado Nacional en lo Comercial Nº 5 del
Dr. Gerardo Vasallo. Acumulaba, aparte de la deuda municipal, un
rojo de $ 726.613 por el libramiento de 317 cheques
sin fondos, 89 de ellos con posterioridad a la solicitud
de convocatoria.
Esa empresa que parecía estar al borde de la quiebra, y que
alegaba no poder pagar los impuestos adeudados, presentó sin embargo
tres días después de la convocatoria, una nota a la municipalidad
solicitando que prosiguiera el trámite de habilitación para lograr
la documentación definitiva.
A partir de entonces el expediente comenzó a dar vueltas
por el Concejo. El partido Integración Vecinal presentó un pedido
de informes, nunca contestado, para conocer el estado de deuda y
saber si Kasema SA contaba con el certificado de aptitud ambiental
de la Provincia de Buenos Aires.
En agosto de 2004, la comisión de Obras Públicas del Concejo
elaboró un predictamen, que nunca vería la luz, en el que se pedía
un giro del expediente al departamento ejecutivo para solicitar
aclaraciones. Permanecía aún en el fondo de algún cajón cuando,
apenas un mes más tarde otra comisión, la de Salud, decidió abandonar
los cuestionamientos y dio a luz en su lugar un proyecto de ordenanza
autorizando al ejecutivo a otorgar la habilitación comercial a Kasema,
y a efectuarle un descuento del 50% en la Tasa de Seguridad
e Higiene correspondiente a los bimestres 4º, 5º y 6º de 2004.
Como suele suceder en estos casos, para evitar quedar incursos
en falta grave, los concejales supeditaron el otorgamiento definitivo
de la habilitación a la obtención por parte de la empresa del certificado
de aptitud ambiental, algo que luego nadie controla o cuyo trámite
se dilata hasta el infinito, mientras se sigue funcionando de manera
precaria.
El concejal Luis Minichilo, hoy en el Frente Peronista para
la Victoria, fue uno de los que se opusieron al otorgamiento de
la vía de excepción, y señaló en el recinto algunas de las irregularidades
que contenía el expediente finalmente aprobado por el oficialismo.
Según resumió el edil, de acuerdo a las constancias obrantes en
el mismo, la empresa dedicada ahora a la fabricación de detergentes
e insecticidas no tenía planta de tratamiento y carecía de permiso
de vuelco al arroyo Morón. Tampoco había tenido nunca el certificado
de aptitud ambiental, a pesar de lo cual funcionó de modo permanente
desde 1996 con una habilitación provisoria como si se tratara de
un simple comercio.
“Esta es una empresa
de segunda categoría que trabaja con elementos muy contaminantes,
muy pesados. Los invito a ir a Centenera y arroyo Morón para ver
lo que es esa niebla” –había puntualizado en la ocasión el legislador,
que es vecino de la zona.
Gracias a la paciencia y generosidad de sus acreedores, entre
ellos la municipalidad de Hurlingham, Kasema SA pareció recomponer
rápidamente sus activos, ya que algunos meses después de haber logrado
la vía de excepción hizo un aporte de $ 91.000 a la campaña
del justicialismo bonaerense. Considerable esfuerzo sobre todo teniendo
en cuenta lo complicado de su situación financiera, ya que de acuerdo
a la base de datos del Banco Central tiene un crédito de
$ 258.700 con el Banco Francés en categoría 5 (irrecuperable)
y otro por $ 1.057.200 con el Banco Mariva, en categoría
3 (con atrasos de entre 90 y 180 días).
Olvido
En la página 8 del informe,
Poder Ciudadano deja constancia que “llamativamente el PJ declara
no haber hecho gastos de publicidad en vía pública”. ¿Quién
habrá pagado entonces y con qué fondos las toneladas de papel afiche
que cubrieron las paredes de Hurlingham con la imagen del intendente
Acuña en primer plano?
Cabe la posibilidad de que se trate de alguna otra donación
que en el apuro olvidaron declarar.

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