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En la primera sesión de
octubre el Concejo Deliberante aprobó un proyecto de decreto adhiriendo
a la campaña nacional de búsqueda de Julio López, el testigo clave
del juicio contra el represor Miguel Etchecolatz, que se encuentra
desaparecido desde el domingo 17 de septiembre.
El mismo fue presentado por el bloque del PJ, conjuntamente
con los concejales del Frente para la Victoria oficialista, J. C.
Braciaventi, Nilda Troncoso y Roberto Frontera, quienes manifestaron
su mayor preocupación ante la no aparición de López, a quien reconocen
como vital testigo “de una época nefasta en nuestro país”.
Se pronuncian también contra la ola de amenazas a jueces
y periodistas, y califican el juicio a Etchecolatz como un “histórico
acontecimiento en la República Argentina”.
En los fundamentos del proyecto los ediles acuñistas y del
FPV oficialista sostienen que la desaparición de Julio López
“nos retrotrae en la memoria colectiva de la población de Hurlingham
y del país todo a la etapa más oscura de la historia argentina”.
Con verdadero encomio y una convicción que nunca antes, a
lo largo de diez años de gobierno, se le había conocido al oficialismo
en este tema, aplauden un poco más abajo la decisión del presidente
Kirchner de derogar las leyes de Obediencia Debida y Punto Final
“que permitieron lograr la impunidad de numerosos genocidas”.
Y rematan: “Esa impunidad que hasta hoy estos personeros del
terror gozaron ha llegado a su fin”.
Memoria
selectiva
Sin embargo la impunidad
no parece haber llegado a su fin para todos por igual, ya que los
concejales del oficialismo y sus tres aliados del FPVO pronunciaron
discursos y levantaron las manos para votar el proyecto de su propia
autoría, con la cara enfrentada al retrato del ex intendente Juan
José Alvarez que pende de una de las paredes del concejo, justo
delante de sus ojos.
El ex intendente Alvarez, el mismo que bajo el seudónimo
de Javier Alzaga fue agente de la SIDE durante esa “época nefasta
en nuestro país” en que la máquina de exterminio de la dictadura
se vertebraba alrededor de los servicios de inteligencia; el que
era considerado por sus superiores un “excelente analista”; el que
entendía que desde ese lugar se podía “servir al país” y que pidió
ser aceptado “por sentirse identificado con el proceso militar”;
el que fue recomendado por el represor Albano Harguindeguy, ministro
del interior del dictador Jorge Rafael Videla, y responsable de
todos los centros clandestinos de detención que funcionaron bajo
jurisdicción de la Policía Federal, quien lo definió ante los señores
de la muerte como “un excelente elemento que no defraudará la confianza
que en él se deposite”.
En el artículo segundo del proyecto de decreto aprobado,
sus desmemoriados (o miopes) autores proponen adherir a la campaña
nacional por la aparición de Julio López mediante la colocación
de afiches en la recepción del Honorable Concejo Deliberante. Podrían
colocarlos además en el recinto de sesiones que también es un espacio
público. Lugar se puede hacer. Sólo haría falta descolgar algún
retrato en honor a la coherencia.

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