|
Para impedir el ingreso
de sus propios operarios a las dependencias de Av. Roca y Sargento
Gómez, Telefónica de Hurlingham llenó el lugar de hombres armados,
soldó las puertas de acceso, y descargó sobre los trabajadores las
mangueras de incendio del edificio.
El hecho ocurrió el pasado miércoles 18 de octubre, a las
9:30 hs., cuando el personal de reparaciones se presentó a tomar
funciones en las dependencias de Av. Roca y Sargento Gómez . Todas
las puertas y portones de acceso al inmueble habían sido selladas
con gruesos puntos de soldadura eléctrica, y en la vereda los esperaba
personal jerárquico de Telefónica para informarles que no podían
entrar a su lugar de trabajo y debían trasladarse a otras dependencias.
El delegado de los trabajadores de Hurlingham y coordinador
de Foetra,
Claudio Mayers, denunció además que dentro de las instalaciones,
la empresa de telefonía había dispuesto un operativo con personal
de seguridad y hombres de civil armados, coordinados por uno de
los responsables de seguridad de Telefónica, de apellido Giardina.
Los trabajadores se negaron a aceptar la arbitrariedad de
la empresa y comenzaron a presionar sobre el portón que da a la
calle Sargento Gómez logrando que cedieran los puntos de la soldadura,
pero al ingresar a ese sector descubierto donde se encuentra el
estacionamiento, fueron recibidos con el chorro de la manguera contra
incendios. Pese a la fuerza del agua y a la incomodidad de la espuma
jabonosa con que también fueron “bienvenidos”, pudieron resistir
y llegar a las escaleras por las que subieron a la terraza, donde
comenzaron a manifestar su protesta.
A bordo de un patrullero de la Comisaría Primera de Hurlingham
llegó entonces al lugar el capitán Barrera, titular de esa dependencia,
acompañado
por el teniente Leiva, quienes se reunieron con los trabajadores
y con el señor Longobuco, superior del citado Giardina y principal
responsable de seguridad de la compañía telefónica.
Se negoció entonces la entrada al edificio -cuyas puertas
aún permanecían soldadas- con la presencia de un escribano, que
fue aportado por la propia empresa.
La recorrida puso al descubierto una serie de daños que no
habían sido cometidos por los trabajadores, que en ningún momento
tuvieron acceso al interior. Aparecieron cofres violentados, habían
sacado la puerta de la central y roto las de los sectores de informática
y limpieza, y fueron constatados también daños en el grupo de generadores
y baterías. –Nos habían preparado una cama –dice Mayers-,
en el caso de que hubiéramos entrado por la fuerza al edificio nos
iban a acusar de haber hecho todos esos destrozos.
Después de labrada el acta, los operarios se retiraron aunque
se mantuvieron en guardia permanente en las inmediaciones del edificio,
recibiendo muestras de adhesión por parte de los vecinos del lugar.
Voceros de la empresa argumentaron que las medidas fueron
dispuestas para evitar que los trabajadores tomaran las instalaciones
y pudieran sabotear costosos equipos. Éstos por su parte sostienen
que la verdadera intención de Telefónica al tensar el conflicto
es la de despedirlos a todos y reemplazarlos con personal tercerizado.
Acusan a la empresa de practicar el “vale todo” y confiesan que
tienen miedo por sus vidas “mientras continúe la presencia de los
matones armados”.
Precarización
Telefónica mantiene un
conflicto con sus trabajadores que es de larga data, y que tiene
su origen en la política de precarización del empleo que lleva adelante
la multinacional, que se niega a tomar trabajadores en forma directa,
subcontratándolos a través de terceras firmas para realizar tareas
que ya viene desarrollando con mano de obra propia. De este modo
genera en un mismo lugar de trabajo dos salarios, dos convenios,
o directamente trabajo en negro, ya que elude las cargas sociales.
La federación que agrupa a los obreros y empleados telefónicos,
FOETRA, denunció que el personal contratado de este modo trabaja
a destajo y en condiciones de virtual esclavitud, con jornadas de
entre 10 y 14 horas por las que percibe entre 25 y 30 pesos (diarios)
. No tienen vacaciones ni aguinaldo pese a que se las “dibujan”
en los recibos de haberes y si reclaman son despedidos.
Esta modalidad de empleo precario lejos de ser una excepción
gana cada vez más terreno no sólo dentro de Telefónica sino también
de Telecom, y mientras aumenta sin cesar el empleo “en negro”, crece
también el número de trabajadores bajo convenio a los que se les
ofrece dinero para irse de las empresas –dicen los sindicalistas,
que comenzaron a empadronar a los que cumplen tareas en las contratistas
para exigir que sean incorporados al convenio telefónico.
Teléfono
descompuesto
A principios de octubre, alrededor
de un millar y medio de trabajadores y personal tercerizado, convocados
por la Federación de Obreros y Empleados Telefónicos de la República
Argentina (FOETRA), marcharon con estos reclamos hacia la sede capitalina
de Telefónica. La empresa sin embargo prefiere seguir jugando al
teléfono descompuesto y no se muestra dispuesta a aceptar ninguna
de las reivindicaciones planteadas. Por el contrario, el secretario
adjunto de FOETRA, Claudio Marín y su secretaria de prensa, Silvia
Hidalgo, denunciaron que Telefónica había amenazado con dejar de
ofrecer empleo a las contratistas si el personal precarizado continuaba
empadronándose en la sede gremial.
Sohre el cierre de esta edición FOETRA había llegado a un
acuerdo con Telecom, cuyos trabajadores también se habían plegado
en los días previos al conflicto, pero continúa el problema con
Telefónica. Las diferencias se dan en torno al pago de los días
no trabajados durante el paro, aunque se está cerca de un acuerdo
y es probable que hacia fin de mes el servicio se normalice.

|