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En numerosos congresos
y encuentros a lo largo y ancho de América Latina se habla
y reconoce el momento que está viviendo la región.
La irrupción de presidentes que reflejan una mayor consonancia
con las necesidades de sus pueblos, los logros locales y generales,
y los esfuerzos por fortalecer la democracia en el continente.Se
muestran números, medidas y acciones que ejemplifican como
los gobiernos nacionales, populares y progresistas, además
de ser representativos, son eficientes y eficaces; pero poco se
habla del sujeto social que está construyendo este proceso;
es decir raspar un poquitito la piel de eso que llamamos pueblo
y encontrar y analizar que está pasando con la gente, con
el hombre común, con los ciudadanos, al decir de José
Mujica: "
los fenómenos de integración
son sentidos y discutidos por los intelectuales en América
Latina, pero esto no ocurre con los de overol, los sin dientes,
los pobres, porque hemos fallado, en los partidos, en trasmitirle
a nuestras masas".
Más allá de coincidir total o parcialmente
con los conceptos del presidente uruguayo; cuando hacemos mención
a esa mujer y a ese hombre latinoamericano no podemos olvidarnos
de Ernesto Guevara y del hombre nuevo. Un ser de carne y hueso,
absolutamente colectivo, en elaboración permanente, en búsqueda
de concretar una sociedad distinta, mas justa, solidaria y socialista,
que también estaba en proceso de construcción.Y si
hoy hacemos referencia a que convivimos en un escenario impensado
hace diez años atrás, de transformaciones y de realizaciones
inéditas, debemos convenir que necesariamente tendremos que
analizar cual es el sujeto social latinoamericano que está
produciendo centralmente esos cambios. Un sujeto que viene de un
pasado de resistencia, de luchas, de paradigmas ideológicos;
de precisas formas de hacer política, de una determinada
visión del mundo y de su entorno; que vivió la experiencia
de los años 60 y 70, y que parió la generación
de los 90; es decir desde las experiencias guerrilleras hasta la
resistencia al modelo neoliberal.
No es un conjunto en abstracto, de laboratorio; recrea
prácticas, derrotas, aprendizajes, pues en muchos casos fue
reprimido y perseguido por el Estado; es decir ese sujeto tiene
una historia, una vivencia, una pertenencia organizacional y una
percepción del mundo que lo rodea. Desde allí también
se forjaron, en muchos casos, quienes hoy son presidentes, ministros,
legisladores y funcionarios en la mayoría de las naciones
de América Latina.
Ante la pregunta sobre ¿qué cambió
en Bolivia con la llegada de Evo Morales?, una compañera
de una red de mujeres que trabajan el tema comunicacional contó
en Asunción la historia del portero del edificio de la institución,
un hombre que años atrás era muy parco, generalmente
de mal humor, que no cumplía con sus obligaciones adecuadamente,
que no entregaba mensajes o efectivizaba pedidos que le hacían.
El conjunto de los inquilinos resolvió echarlo y en la organización
se discutió el tema y le encomendaron a un psicólogo
que hablara con él. La consulta fue clara y contundente:
el portero no sabía leer ni escribir. Hoy no sólo
aprendió, sino que está integrado a las actividades
sociales y culturales que desde la red organizan. Ese trabajador,
ese indígena y su proceso de alfabetización no tendrían
la simbología que hoy poseen si se hubiese efectuado en otro
modelo de país, con otro rol de los pueblos originarios,
o como un simple respuestismo institucional. Sigue siendo indisoluble
la relación de ese hombre nuevo con el proyecto político.
En Argentina, un dato que comienza a ser visible es
que los jóvenes vuelven a participar en la vida política,
en las organizaciones sociales, en las marchas, manifestaciones,
y asambleas.Pasaron más de 30 años desde aquella juventud
militante de los años 70 que fue, por su compromiso de vida,
salvajemente reprimida, asesinada y desaparecida. Una generación
a la cual le quitaron toda posibilidad de expresarse, que recorrió
las cárceles, la autocensura y el exilio sin medias tintas.
A partir de aquellas derrotas la participación juvenil pasó
a transformarse en una mala palabra, y se gestaron miles de pibes
y pibas pendientes de la sociedad de consumo sin el más mínimo
sentido de la solidaridad y del compromiso social.
No puede desprenderse este fenómeno del contexto
de país que se vive después del año 2001 y
de los hechos sociales, políticos y electorales que desde
allí se sucedieron. ¿Pero con qué demandas
vienen esos chicos? ¿Qué pretenden de la política,
de los gobiernos, de los más grandes?¿Y los jóvenes
incluidos en el programa de entrega de computadoras en Uruguay y
Argentina?
La relación entre las nuevas tecnologías,
los adolescentes y el Estado forjador de políticas públicas,
aparece entonces como una necesidad imperiosa a la hora de redefinir
las tareas en la coyuntura, pero más específicamente
las líneas a largo plazo, las estratégicas.Es necesario,
entonces, discutir si toda esta potenciación de derechos,
de reivindicaciones, en muchos casos ancestrales, basta por sí
misma o se correlaciona y contiene en un proyecto político
en general; y en lo particular, como los pueblos se están
apropiando de esas experiencias viejas y nuevas, para resignificarlas.
Hoy se producen leyes, escritos, movilizaciones, actos
que reconocen una multiplicidad de temáticas: género,
afro, diversidad sexual, tierra, etc. que en muchos casos se enuncian
o directamente están totalmente desligadas de los procesos
transformadores que se vive en cada país y en regiones o
subregiones. Evidentemente no es una contradicción menor.
¿Qué sujeto deviene de una u otra postura? ¿Qué
límites y alcances tienen los proyectos que cada una de estas
concepciones representa? ¿Pensamos todos igual sobre ese
horizonte? ¿Dónde y cómo hemos socializado
estas enseñanzas? Por ejemplo: dice Milagro Sala en un reportaje:
quiero hacer la revolución, pero no con armas
ni con violencia, quiero la revolución en las cabezas para
que el compañero que vive en la villa cambie de mate (se
toca la sien derecha), que entienda que puede salir de la villa
si se prepara, si estudia, y que puede tener la misma camioneta
que aquella persona que trabaja las 24 horas
¿Qué está pasando por la cabeza
de la gente? ¿Cómo valora y reelabora hechos que la
involucran directamente? ¿Qué comportamientos ha modificado?
Más allá de que el desarrollo es desigual en cada
territorio, ¿cómo están procesando estos nuevos
tiempos el campesinado del interior brasileño, paraguayo,
o argentino? ¿Ha cambiado su relación con el Estado?
¿Son parte de estos cambios que se vienen sucediendo en la
región?
La Asignación Universal por Hijo ha producido
un fuerte impacto en la reducción de la pobreza y la indigencia
particularmente en numerosos barrios del Gran Buenos Aires. Lo dicen
los porcentajes y lo reconocen propios y extraños. ¿Qué
transformaciones en las relaciones sociales y comunitarias se están
manifestando allí en el conurbano profundo, donde
conviven la droga, el delito, la concreción de obras de infraestructura
que jamás se hicieron, el plan Argentina Trabaja,
los chicos volviendo a la escuela, la inflación, y años
de abandono? En este sentido podríamos contar situaciones
parecidas en San Pablo, Caracas o Santiago.Seguramente en muchas
instituciones y despachos oficiales estarán las respuestas
y los recientes desafíos que las mismas plantean, pero parece
imprescindible socializarlos, compartirlos aún más,
pues allí radica la posibilidad de conocer si los horizontes
están lejanos o más cerca; si hay una comprensión
acabada de lo que está en juego y del rol a asumir frente
a ello.
En tiempos del Che, -decíamos- el militante social
y político tenía modelos y paradigmas muy concretos,
los elementos para alcanzar esos objetivos y calificativos estaban
explicitados de una manera muy cierta. Hoy la vorágine de
iniciativas y acontecimientos, a veces, parece no darnos el tiempo
suficiente para reflexionar, para analizar dialécticamente
la profundidad y alcance del momento que vivimos y sus consecuencias
en el ciudadano común, en el habitante de las grandes urbes
y del interior de cada país.Se está produciendo un
proceso de cambios culturales, sociales y por ende políticos
que merecen una lectura más pormenorizada, no sólo
como ejercicio intelectual, sino fundamentalmente para ver cómo
desde los partidos, las organizaciones y el propio Estado se potencian
y enriquecen políticas, programas y acciones; cómo
se interactúa, en donde las instancias de capacitación
y comunicación sean elementos centrales de la misma y no
simples tareas, anexos o líneas de trabajo de esas estructuras.
Hay un hombre y una mujer latinoamericano que están,
lenta pero paulatinamente, transformando su entorno, cuya concreción
no se manifiesta sólo en los procesos electorales. Mientras
tanto, ¿tenemos real comprensión del momento en que
vivimos, de las clases y sectores de clase que están imprimiendo
una dinámica transformadora a la coyuntura continental? ¿Cuáles
son los valores y contravalores que hoy constituyen la esencia de
este sujeto latinoamericano en proceso de construcción? En
el caso argentino, ¿qué reflexiones, en esta dirección,
nos dejan los actos del Bicentenario de la patria? ¿Puede
medirse el mismo sólo por la cantidad de gente que participó,
o merece otras lecturas?; es decir, más allá de los
porcentajes y resultados, qué concepciones e ideas son las
que están expresándose en las prácticas partidarias
y sociales a lo largo del continente?
Desde la metodología de la pregunta que le expropiamos
a Paulo Freire, hemos disparado una serie de interrogantes, para
no olvidarnos de que ese hombre nuevo que pusiera en
la agenda Ernesto Guevara más allá de los contextos
y caracterizaciones - hace ya 50 años, sigue, en muchos casos
silenciosamente, construyendo la patria grande y una sociedad más
justa.

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